Abinader mueve el tablero: los decretos del legado y la última oportunidad

18 Agosto 2026   Affe Gutierrez   125

Abinader mueve el tablero: los decretos del legado y la última oportunidad

A dos años de entregar el poder, Luis Abinader ya no administra solamente un Gobierno: administra la forma en que quiere ser recordado. Los cambios en Fuerzas Armadas, Policía, aviación, tránsito y Cancillería parecen marcar el inicio de la fase final, pero la ciudadanía y las propias bases del PRM todavía esperan más.

Por Affe Gutiérrez

Santo Domingo. - Hay un momento en todos los gobiernos en que el reloj comienza a correr de manera diferente. Al principio, cuatro años parecen una eternidad. En la recta final, veinticuatro meses parecen un suspiro. Luis Abinader acaba de entrar definitivamente en ese territorio.

Cumplidos seis años consecutivos conduciendo el Estado y alcanzada la mitad de su segundo y último período constitucional consecutivo, el Presidente ya no gobierna con la expectativa personal de una próxima reelección. Ahora gobierna contra el tiempo, contra el desgaste natural del poder y contra otro fenómeno que comienza inevitablemente a aparecer en todos los segundos mandatos: el momento en que parte de la clase política empieza a mirar menos hacia el Palacio Nacional y más hacia la próxima boleta electoral.

La pregunta alrededor de Abinader, por tanto, comienza lentamente a cambiar. Ya no es solamente qué hará. Comienza a ser cómo quiere ser recordado. Y bajo esa óptica deben leerse los decretos emitidos durante este agosto.

Entre los decretos 551-26 y 558-26 fueron movidas piezas en tránsito, emergencias, aviación civil, infraestructura aeroportuaria, mercados, migración, vivienda, puertos, relaciones exteriores, desarrollo provincial, energía, Fuerzas Armadas y Policía Nacional. La propia Presidencia presentó los movimientos como parte de una nueva etapa de reorganización del tren gubernamental.

Interpretarlos solamente como nombramientos sería quedarse mirando las fichas sin observar el tablero. Esto no es simplemente mover funcionarios. Es mover posiciones antes de comenzar la última partida.

Pero el país todavía espera más, sin embargo, todo indica que el tablero todavía no termina de moverse. La ciudadanía y con mayor impaciencia las propias bases del PRM continúa esperando más cambios.

Después de seis años de Gobierno existen funcionarios cuyo ciclo político luce agotado, instituciones donde las expectativas generadas han sido superiores a los resultados percibidos y áreas en las que el desgaste dejó hace tiempo de afectar exclusivamente al incumbente para comenzar a transferirse al Gobierno que decidió mantenerlo. Y ese es uno de los principales peligros de esta etapa.

El desgaste de un funcionario que permanece demasiado tiempo termina facturándosele al Presidente que lo mantiene.

Dentro del PRM existe además otra realidad que Palacio no debería ignorar. Hay dirigentes, cuadros medios y militantes que acompañaron el proyecto desde la oposición, trabajaron electoralmente, defendieron al Gobierno en momentos difíciles y sienten que, después de seis años, continúan observando desde las graderías un poder que ayudaron a construir.

No se trata de convertir la Administración pública en un botín electoral. Eso sería retroceder décadas. Pero tampoco puede pretenderse que un partido mantenga eternamente movilizada y cohesionada una estructura cuyos dirigentes sienten que solamente son indispensables durante las elecciones.

Existe un punto intermedio entre el clientelismo y la indiferencia política. Los gobiernos también requieren renovación, oportunidades, incorporación de nuevos cuadros y circulación de responsabilidades.

Abinader tendrá que determinar ahora si estos decretos constituyen una renovación puntual o el comienzo de una recomposición más profunda de su Gobierno para los últimos veinticuatro meses.

La Fuerza Aérea: cuando la trayectoria precede al decreto

Dentro de este proceso, encuentro en la Fuerza Aérea de República Dominicana uno de los movimientos más coherentes.

El Decreto 557-26 ascendió al general piloto Enmanuel Marcelino Souffront Tamayo al rango de mayor general y lo designó comandante general de la Fuerza Aérea; nombró al general piloto Manuel José Brito Estepan subcomandante general, y ascendió al coronel paracaidista Dionisio De La Rosa Hernández a general de brigada paracaidista, designándolo inspector general de la institución.

La propia motivación del decreto recuerda que la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas establece períodos máximos para determinadas posiciones superiores de mando, procurando precisamente la rotación y distribución de responsabilidades.

Aquí no parece haberse apostado a la improvisación. Souffront llega a la comandancia general después de una trayectoria esencialmente militar y aeronáutica. Antes de su designación encabezaba el Cuerpo Especializado en Seguridad Aeroportuaria y de la Aviación Civil, CESAC, una posición que obliga a convivir con estándares internacionales, seguridad de aeropuertos, amenazas a la aviación civil y coordinación permanente con actores nacionales e internacionales. No llega, por tanto, a conocer la aviación desde la oficina del comandante. La conoce desde dentro.

Brito Estepan tampoco aparece como una pieza extraña a la estructura. Su trayectoria dentro de la Fuerza Aérea y su experiencia en responsabilidades administrativas y de mando lo colocan ahora en una posición desde la cual tendrá que contribuir a algo fundamental en cualquier institución militar: que las capacidades operativas sobrevivan a los cambios de comandante.

Dionisio De La Rosa completa una trilogía de mando que combina experiencia aérea, administrativa y de seguridad.

Y eso importa. Porque una Fuerza Aérea moderna no puede limitar su misión a volar aeronaves y rendir honores. Debe pensar en vigilancia, inteligencia, movilidad, interoperabilidad, drones, ciberseguridad, búsqueda y rescate, mantenimiento, formación, control del espacio aéreo y capacidad de respuesta frente a amenazas que hace veinte años ni siquiera figuraban en nuestros manuales. Las estrellas pesan más después del decreto que antes de recibirlas.

García Lithgow: continuidad especializada en el CESAC

A esa reorganización debe sumarse otra designación particularmente importante para el sistema aeronáutico: la del general de brigada piloto Manuel Abad García Lithgow, FARD, como director general del Cuerpo Especializado en Seguridad Aeroportuaria y de la Aviación Civil. El Ministerio de Defensa confirmó su designación, junto con la del coronel Modesto Segura Vólquez como subdirector general del CESAC.

García Lithgow tampoco llega a descubrir el universo aeronáutico después de recibir el nombramiento. En 2024 había sido designado subcomandante general de la propia Fuerza Aérea, y anteriormente había ejercido, entre otras responsabilidades, como comandante de la Base Aérea de Puerto Plata.

Su nombramiento tiene además una lógica institucional interesante: Souffront sale del CESAC hacia la comandancia general de la Fuerza Aérea y la seguridad aeroportuaria queda en manos de otro oficial general piloto con experiencia de mando. Eso permite continuidad sin impedir renovación.

El CESAC no es una institución secundaria. En un país cuya conectividad internacional, turismo, comercio y seguridad dependen de sus aeropuertos, proteger la aviación civil constituye una función de seguridad nacional.

García Lithgow recibe, por tanto, una estructura en la que tendrá que mantener estándares internacionales, fortalecer capacitación, inteligencia, tecnología, controles, coordinación con operadores aeroportuarios y cooperación con los organismos extranjeros que permanentemente evalúan nuestro sistema de aviación.

Julio Peña Guzmán: llegar a la JAC con horas de vuelo

Otro movimiento que merece una valoración particularmente positiva es la designación de mi buen amigo y colega Julio Peña Guzmán como presidente de la Junta de Aviación Civil. El Decreto 552-26 lo colocó al frente de la JAC, mientras Héctor Porcella fue designado asesor del Poder Ejecutivo en materia de aviación civil y miembro de la Junta.

Aquí existe una diferencia que considero importante. Julio Peña no llega a la aviación porque un decreto lo haya convertido en aeronáutico. Llega con una trayectoria vinculada al sector, experiencia jurídica, diplomática y representación dominicana ante la Organización de Aviación Civil Internacional.

Eso significa que no necesitará emplear sus primeros meses aprendiendo qué es un acuerdo bilateral, una frecuencia, una quinta libertad, un certificado de operador, la OACI o cómo funciona políticamente el sistema internacional de transporte aéreo.

Héctor Porcella llegó originalmente al sector con una trayectoria fundamentalmente empresarial y gerencial y posteriormente fue construyendo experiencia dentro de la aviación. No se trata de desconocer su gestión ni borrar lo realizado. Pero sí existe una diferencia sustancial entre llegar a una institución para conocer el sector y llegar conociendo el sector para dirigir la institución.

Peña Guzmán recibe ahora la oportunidad de convertir conocimiento en resultados. La República Dominicana atraviesa uno de sus momentos más importantes en conectividad aérea. La política aeronáutica ya no puede medirse solamente por fotografías de nuevas rutas. Hay que pensar en competencia, derechos de tráfico, fortalecimiento de operadores nacionales, conectividad de la diáspora, precios, reciprocidad, nuevos mercados y defensa estratégica de nuestros intereses.

Julio llega con horas de vuelo institucional. Ahora tendrá que demostrar que sabe aterrizarlas.

Víctor Pichardo: cuando seis años también pesan

También concluye un ciclo prolongado en el Departamento Aeroportuario. Víctor Pichardo estuvo al frente de esa institución desde 2020 y ahora fue designado cónsul de la República Dominicana en Mayagüez, mientras Mérido de Jesús Torres Espinal asumió como nuevo director ejecutivo del Departamento Aeroportuario.

No todo relevo debe interpretarse necesariamente como castigo. Pichardo puede exhibir proyectos y realizaciones durante sus años de gestión. Pero seis años también producen desgaste. Producen rutina. Producen zonas de comodidad. Y en ocasiones una institución necesita simplemente otra mirada.

Mérido, buen amigo y colega, recibe por eso un reto mucho mayor que ocupar el despacho que deja su antecesor. Tiene que proyectar y materializar la visión aeroportuaria del Presidente durante los dos años que quedan. Y tiene poco tiempo.

La República Dominicana necesita pensar más seriamente en sus aeropuertos domésticos, aeródromos, aviación general, infraestructura para emergencias, conectividad entre polos turísticos, mantenimiento, helipuertos, desarrollo regional y aprovechamiento económico de instalaciones que no pueden continuar existiendo como simples puntos sobre un mapa.

El Departamento Aeroportuario tiene que dejar de ser visto por buena parte de la población como una institución cuya función necesita explicación. Tiene que hacerse visible mediante resultados. Mérido recibe planos, proyectos y una institución. Lo que deberá entregar son obras y una visión.

Juan Manuel Méndez: del COE a otra clase de emergencia

Probablemente una de las apuestas más interesantes sea la designación del mayor general retirado Juan Manuel Méndez García como director ejecutivo del INTRANT.

El Decreto 551-26 lo designó en sustitución de Milton Morrison, quien presentó su renuncia. Morrison explicó posteriormente que decidió dedicarse plenamente a la reorganización de País Posible de cara al proceso electoral de 2028.

Méndez pasó décadas acostumbrado a administrar emergencias. Ahora recibe una institución cuyo objeto cotidiano podría describirse utilizando exactamente esa misma palabra. Emergencia. Emergencia en el tránsito. Emergencia en la accidentalidad. Emergencia con los motociclistas. Emergencia en el transporte público. Emergencia en la educación vial. Emergencia en la disciplina. Y, sobre todo, una enorme necesidad de recuperar autoridad institucional.

Morrison podrá defender los resultados administrativos de su gestión y tendrá derecho a hacerlo. Pero existe una evaluación mucho más brutal que cualquier memoria institucional: la que hace un dominicano cuando sale de su casa a las siete de la mañana. Y ahí todavía existe demasiado caos.

Evidentemente, sería intelectualmente deshonesto responsabilizar a Milton Morrison de un problema estructural acumulado durante décadas. Pero también sería ingenuo sostener que el tránsito dominicano ofrece hoy al ciudadano la sensación de haber experimentado una transformación proporcional al discurso institucional. La calle también audita.

Juan Manuel Méndez recibe entonces uno de los encargos más difíciles del Gobierno. Tendrá que trasladar al INTRANT parte de la capacidad de coordinación, disciplina, planificación y mando que durante años utilizó frente al COE. Quizás termine descubriendo que coordinar la respuesta nacional ante un huracán resulta menos complicado que lograr que miles de conductores respeten un semáforo. Su éxito no se medirá en ruedas de prensa. Se medirá en las calles.

José Andújar: una justicia política necesaria

La designación de José Dolores Andújar Ramírez como titular de la Dirección de Desarrollo Provincial mediante el Decreto 555-26 también posee una lectura política que no debe pasar inadvertida. Andújar fue alcalde de Santo Domingo Oeste entre 2020 y 2024 y posee además formación como ingeniero civil. Considero su nombramiento un acto de justicia política.

Los partidos tienen que aprender a reconocer a quienes han ocupado posiciones, asumido costos, atravesado procesos internos y continuado perteneciendo a su organización después de dejar un cargo.

Si una organización solamente premia a quien gana, termina enseñándole a sus dirigentes que perder internamente equivale a desaparecer políticamente.

Y esa es una pésima escuela para construir institucionalidad partidaria. Pero la justicia política tampoco constituye un cheque en blanco.

Andújar recibe una segunda oportunidad de demostrar capacidad ejecutiva en un área estrechamente vinculada con su formación profesional y su experiencia municipal. El nombramiento reconoce trayectoria. Los resultados tendrán que justificarlo.

Cancillería: la maniobra que hay que leer mirando hacia Washington

Sin embargo, probablemente el movimiento de mayor significado geopolítico sea el realizado en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Víctor “Ito” Bisonó sustituyó a Roberto Álvarez al frente de la Cancillería, luego de la renuncia de este último, quien quedó designado embajador emérito.

Aquí no estamos simplemente ante un cambio de nombres. Podríamos estar ante un cambio de acento.

Roberto Álvarez representó durante seis años una política exterior profundamente vinculada al multilateralismo, la institucionalidad democrática, los derechos humanos y una visión liberal de las relaciones internacionales.

Esa orientación tuvo sentido dentro del momento histórico en que comenzó el Gobierno. Pero el mundo de 2026 ya no es el mundo de 2020. Washington tampoco es el mismo.

Marco Rubio ocupa actualmente la Secretaría de Estado de los Estados Unidos y forma parte de una Administración republicana cuya aproximación internacional posee un componente conservador mucho más marcado.

Y para República Dominicana Estados Unidos no constituye una relación diplomática cualquiera.

Solo el comercio bilateral de bienes alcanzó aproximadamente US$20,500 millones en 2025. A eso hay que agregar diáspora, remesas, turismo, inversión, seguridad, migración, narcotráfico, Haití, defensa y cooperación.

Es decir: cuando Washington habla, Santo Domingo no puede limitarse a escuchar el tono; tiene que comprender el mensaje.

Ito Bisonó posee una trayectoria política distinta a la de Álvarez. Su origen reformista y sus vínculos internacionales lo colocan naturalmente más cerca de espacios de centro-derecha. Lo comprobable es que ha participado en varias ocasiones en actividades del Partido Popular Europeo, incluida su presencia en el entorno de sus congresos y foros junto a importantes dirigentes conservadores europeos. Eso no convierte automáticamente la política exterior dominicana en una política de derecha. Pero sí permite hacer una lectura.

La llegada de Bisonó podría representar un intento de Abinader por colocar al frente de la Cancillería a un político cuya sensibilidad e interlocución resulten más naturales frente al nuevo mapa conservador que se ha ido configurando en Washington y en sectores importantes de Europa y América Latina.

No necesito afirmar, porque no he encontrado documentación suficiente para hacerlo, que Bisonó y Marco Rubio fueron compañeros de estudios. Ni hace falta. La lectura geopolítica se sostiene sin adornarla.

Abinader parece estar moviendo su política exterior hacia una posición pragmáticamente más cómoda con la derecha occidental.

Eso tiene importancia en momentos en que Estados Unidos redefine prioridades, endurece determinados enfoques regionales y vuelve a mirar el Caribe desde variables migratorias, comerciales, de seguridad y geopolíticas.

La República Dominicana no necesita convertirse ideológicamente en una extensión de ningún Gobierno extranjero. Pero tampoco puede practicar una diplomacia emocional. Los países no tienen amigos permanentes. Tienen intereses permanentes. Bisonó tendrá que entender esa diferencia desde el primer día.

Policía Nacional: seis meses que no alcanzaron para construir mando

Y finalmente llegamos a la Policía Nacional. El Decreto 558-26 ascendió al general Ernesto Rafael Rodríguez García a mayor general y lo designó director general de la Policía Nacional.

El mismo decreto colocó al mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz en honrosa situación de retiro por el cese de sus funciones. Existe un dato que lo dice casi todo. Cruz Cruz había sido designado mediante el Decreto 111-26 del 17 de febrero de 2026. El Decreto 558-26 que dispone su salida está fechado 17 de agosto de 2026. Seis meses.

Eso lo convierte en un paso extraordinariamente breve por la dirección general de una institución donde precisamente una de las mayores necesidades es construir mando, liderazgo y continuidad. Nunca percibí que Cruz Cruz lograra consolidar la autoridad política e institucional que requiere un director general frente al generalato policial.

Esa es una apreciación política, naturalmente, pero seis meses tampoco conceden demasiado margen para construirla. Termina así protagonizando uno de los episodios más efímeros entre los altos funcionarios de la administración Abinader.

Ahora corresponde a Ernesto Rodríguez García demostrar algo diferente. Su perfil oficial presenta una carrera iniciada en la Academia para Cadetes en 1987, experiencia en prevención, investigación, tránsito y direcciones regionales. Pero en la Policía Nacional los currículos abren la puerta. El mando se gana después de cruzarla.

Esperemos que el nuevo director sea un cumplidor a carta cabal de sus funciones. La Policía necesita un jefe que pueda mirar hacia arriba sin servilismo y hacia abajo sin arbitrariedad. Necesita disciplina con legalidad. Autoridad con derechos fundamentales. Prevención acompañada de investigación. Tecnología acompañada de doctrina. Y una dirección que sea respetada dentro de los cuarteles y creíble fuera de ellos. Porque un director general no puede limitarse a mandar policías. Tiene que recuperar la confianza de quien necesita llamar a la Policía.

¿Y hasta aquí llegaron los cambios?

Después de todo este movimiento queda, sin embargo, una pregunta flotando sobre el Palacio Nacional: ¿terminaron los cambios? No parece que la ciudadanía esté convencida. Y mucho menos parte de las bases del PRM.

Todavía existen ministerios, direcciones y organismos donde se percibe agotamiento. Funcionarios que parecen haber completado su ciclo. Áreas donde los resultados no guardan proporción con los recursos, el tiempo o las expectativas generadas.

A Abinader ya no le sobra calendario para administrar susceptibilidades. Un funcionario nombrado hoy dispone de aproximadamente dos años para producir resultados. Uno nombrado dentro de doce meses tendrá apenas tiempo para conocer el escritorio.

Por eso, si el Presidente pretende relanzar su Gobierno, recuperar entusiasmo en sus propias filas y llegar a agosto de 2028 transmitiendo movimiento en lugar de agotamiento, los cambios no deberían quedarse aquí.

Pero tampoco deberían hacerse para satisfacer rumores, retaliaciones o apetitos particulares. Cada movimiento de esta etapa debe responder a una pregunta sencilla: ¿Esta persona ayuda a construir el legado o se ha convertido en parte del desgaste? El segundo mandato requiere menos compromisos con nombres y más compromisos con resultados.

Los decretos de agosto pueden ser el primer movimiento de una fase final. Para una parte considerable del país y para muchos dentro del propio oficialismo, todavía faltan fichas por mover.

El último decreto será el legado

Luis Abinader entró en sus últimos dos años. A partir de ahora cada nombramiento tendrá dos lecturas: la administrativa y la histórica. Ya no existe tiempo para funcionarios que necesiten dos años para aprender dónde están los baños del edificio que acaban de recibir. Quienes llegan ahora reciben, más que un cargo, una cuenta regresiva.

Souffront tendrá que demostrar que su formación y trayectoria pueden traducirse en una Fuerza Aérea preparada para las amenazas del futuro. Brito Estepan y De La Rosa deberán ayudar a construir continuidad institucional y mando.

García Lithgow tendrá que mantener y elevar la seguridad de nuestra aviación civil desde el CESAC.

Julio Peña Guzmán deberá transformar experiencia aeronáutica internacional en política aérea efectiva.

Mérido Torres tendrá que convertir infraestructura aeroportuaria en desarrollo y dejar físicamente construida la visión que le ha sido confiada.

Juan Manuel Méndez deberá intentar imponer planificación sobre uno de los mayores desórdenes cotidianos de nuestra sociedad.

José Andújar tendrá que convertir justicia política en resultados territoriales.

Ernesto Rodríguez deberá construir mando, disciplina y confianza en una Policía que no puede permitirse otro interinato político disfrazado de dirección.

E Ito Bisonó tendrá la responsabilidad de interpretar correctamente un orden internacional que está cambiando más rápido que los protocolos diplomáticos.

Ese es el verdadero contenido de estos decretos. No solamente cargos. Son apuestas. Y detrás de cada una existe una apuesta todavía mayor: la de Luis Abinader sobre su propia memoria histórica.

Los primeros seis años construyeron su Gobierno. Los próximos dos decidirán qué parte de ese Gobierno se convertirá en legado. Porque llega un momento en la vida de todo gobernante en que el poder deja de preguntarle qué piensa hacer mañana y comienza a formularle una pregunta mucho más incómoda: ¿Qué quedará cuando usted ya no esté?

El autor es Piloto, Abogado, Comunicador y Magister en Defensa y Seguridad Nacional.

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