El efecto virulento de las tendencias en los partidos políticos
21 Octubre 2019 Julio Gutiérrez Heredia 1076
SANTO DOMINGO, RD.- Los movimientos y organizaciones políticas al momento de su composición se parecen bastante a los seres humanos que los conforman. Son estructuras compuestas por personas alineadas en ideales y propósitos definidos, que persiguen un mismo objetivo. Sus manifestaciones y quehaceres organizacionales, van acompañadas de decisiones consensuadas. Estas características son aplicables a cualquier agrupación, ya sea que su orientación ideológica se ubique de izquierda, de centro o de derecha.
Al principio, los canales y la pirámide de mando no son cuestionados por los miembros de esas agrupaciones, ya que los objetivos principales son la captación de recursos económicos y la conquista de nuevos adeptos. Esas tareas se encomiendan a todos los compañeros, compatriotas o como se le suela identificar, sin distinción de su posición. En la etapa de constitución de esas organizaciones, el grupo gestor no muestra interés en establecer hegemonía, su dedicación, más bien se manifiesta en fortalecer el movimiento desde el punto de vista político.
Mientras la agrupación, movimiento o partido político se mantenga como una organización de cuadros, las amenazas internas o externas son irrelevantes; pues, en esta etapa, la institución permanece cohesionada. Los factores virulentos como son, la demagogia, el grupismo, el populismo y el clientelismo, no tienen condiciones para encubarse. En nuestro país, la mayoría de los partidos políticos cuando adquieren un volumen considerable de su militancia, han sido afectados por estos virus, cuyo cuadro clínico, se puede diagnosticar como enfermedades catastróficas. Le sucedió al PRD y PRSC, manifestándose en el proceso de crecimiento. Ahora, el escenario se muda hacia el PLD.
Para que el grupismo adquiera fuerza y poder debe tener la capacidad de incentivar el clientelismo dentro y fuera de la organización política, ya que sin este tipo de mecanismo de seducción política es imposible sobreponerse una facción contra otra. Esto es debido, a la distribución de prebendas a personas y conglomerados para obtener apoyo político en determinadas ocasiones y campañas proselitistas con fines de sobreponerse en las contiendas electorales.
En el populismo, los partidos políticos afectados por este virus, deben contar con el control de los recursos del Estado, pues este procedimiento político no adquiere vigencia sin contar con la herramienta más eficaz mantenerse en el poder, que es la demagogia. El cuadro clínico de los partidos políticos en el país, en especial las agrupaciones con una membresía considerable, para mantenerse en la palestra pública, sus dirigentes acuden a métodos demagógicos para calar en la opinión de los simpatizantes de su organización. Pero cuando las propuestas no se materializan o no llenan las expectativas, sus propulsores se convierten en demagogos.
La utilización de los movimientos, organizaciones y partidos políticos para uso personal de individuos y grupos, se convierten en servidores de sus propios intereses, mediante un forraje demagógico de supuestos ideales, cuyo propósito es mantenerse en el poder por décadas, mediante la corrupción , el soborno, y la compra de voluntades.
En el PLD, el grupismo ha adquirido ribetes extremos, por el enfrentamiento de dos grandes grupos, con la diferencia de que, de los dos, uno se presenta con más fuerza que el otro, por el mero hecho de controlar la mayoría de estamentos de Poder. Esta forma de tendencia encarna en el seno de una agrupación enfrentamientos constantes, que en lugar de fortalecer la unidad, diluye su potencial para permanecer al mando de la cosa pública.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA
Miembro 1001 del ICPARD
Auditor Forense

