Boicot contra la humanidad
03 Septiembre 2019 Julio Gutiérrez Heredia 1050
Quiero aprovechar las facilidades de interpretación que nos ofrece la lengua española para darle una connotación semántica al término “boicot”, ya que su significado se manifiesta, como la reacción de una persona o grupo contra un sistema o cosa. En realidad la palabra boicot tiene su origen en el apellido de un administrador de una finca, llamado Charles Boicott, que se opuso al incremento de los arriendos de terrenos en Irlanda, en el año 1880. Su oposición fue acogida por un gran conglomerado de la época, pues cada vez que se quería ejercer presión contra cualquier aspecto, se le llamaba “boicot”.
No existe otra especie en nuestro planeta Tierra que haya sido atacada con más saña que el ser humano contra el ser humano; es decir, que el término boicot para quien mejor se aplica es al hombre. Desde sus inicios, la historia narra enfrentamientos grupales, generando conflictos, por el instinto agresivo, manifestado por muertes, canibalismos, esclavitud, etc.
La animadversión del hombre contra el hombre no solo se expresa contra la humanidad, también, ataca la fauna y la flora, sin importar su hábitat, ya sea aire, mar o tierra. Esta actitud, en gran medida, es la responsable de los cambios climáticos que se producen a nivel mundial.
Muchos historiadores creían que las guerras iniciadas por el hombre a través de la historia, habían provocado grandes bajas, hasta que no sufrimos dos Guerras Mundiales en el Siglo XX más una Guerra Fría, acompañada de las guerras de Corea y de Vietnam. El balance de muertes de estas conflagraciones sobrepasa los 60 millones de personas. A estas vicisitudes hay que agregar las defunciones por hambre y enfermedades infectocontagiosas.
Se creía que con la llegada de un nuevo siglo, muchos de los males del siglo anterior desaparecerían. Las conflagraciones fueron sustituidas por los actos terroristas. Los gobiernos de facto se transformaron en gobiernos populistas y demagogos. La desigualdad en las clases sociales ha adquirido ribetes preocupantes, pues se encasillaron los pobres en más pobres y los ricos con más poder económico cada día. La industria bélica presenta resultados positivos por encima de la automotriz, de la alimenticia y de la farmacéutica; solo compite con la ciber-industria, donde hay ciudades, en el globo terráqueo, con más aparatos de comunicación que habitantes.
En el presente Siglo XXI, el cambio climático presenta situaciones extremas. Grandes extensiones de tierras en Europa, Norte y Suramérica, sufrieron los rigores incendiarios de zonas boscosas importantes como la Amazonia. Las fuertes heladas se dieron cita antes y después de la temporada invernal, rompiendo criterios científicos.
Con relación a la situación geopolítica, observamos las tensiones entre Irán y Corea del Norte con Washington por la carrera de armas nucleares; el enfrentamiento de los Estados Unidos de América con Europa y China sobre la preponderancia del control comercial; las presiones del Departamento de Estado al gobierno venezolano, ha generado millones de exiliados en los países vecinos de esa República. Todos esos acontecimientos aparentan ser hechos efectuados por separado, pero apuntan hacia una misma dirección: un boicot contra la humanidad. Lo más desalentador es que los líderes mundiales le dan más importancia a las discusiones del G-7 que a las calamidades sufridas por los habitantes de sus naciones y de aquellas subordinadas a sus designios.
En cuanto a los dominicanos, nos toca una buena parte del boicot. En más de dos décadas hemos vivido una corrupción galopante que solo se detiene en la puerta del Despacho Presidencial. Esta aseveración, para muchos, es el origen de la impunidad. Impunidad que nos colocó entre los doce países sobornados por la empresa brasileña Odebrecht. Por culpa de la componenda maliciosa, sentimos que hemos sido boicoteados por aquellos que constantemente utilizan la frase “hasta las últimas consecuencias”, en especial, cuando se trata de los flagelos de las drogas y la violencia en cualquier manifestación. Por esas desagradables experiencias, la humanidad del pueblo dominicano ha sido desvirtuada por políticas populistas, donde la gobernanza se impuso sobre los subsidios enajenando su dignidad.
Por Julio Gutiérrez Heredia, CPA Miembro 1001 del ICPARD Auditor Forense

