Feminicidios y Maternidades Infantojuveniles: La Crisis Silenciosa de la Familia Dominicana
Por: Affe Gutiérrez
En República Dominicana la tragedia se ha vuelto costumbre. Las cifras de feminicidios se actualizan como si fueran boletines meteorológicos; los embarazos en adolescentes se observan como fenómenos naturales inevitables, como si la lógica nos hubiera abandonado y ahora aceptáramos que la infancia puede decidir sobre su destino reproductivo. Aquí hablamos de “libre albedrío” en menores de edad, mientras la ley misma reconoce que su voluntad es jurídicamente incapaz. Decimos que son “jóvenes que decidieron”, como si la decisión no estuviera moldeada por pobreza, abandono afectivo, precariedad emocional y una sociedad enferma de silencios.
Mientras tanto, el Estado observa y cuando actúa, golpea donde no debe.
La justicia que rompe lo que dice proteger
Ante cualquier conflicto familiar, el Ministerio Público parece conocer solo dos herramientas:
Ambas bajo el santo rótulo de “proteger”.
Pero protección no es arrancar a un padre de su casa sin proceso terapéutico, no es destruir unidades familiares sin intervención psicológica, no es dejar a hijos sin figura paterna y a madres sin apoyo emocional y económico, no es repetir el mismo ritual judicial sin preguntarse jamás si funciona.
Y jueces —no pocos— ceden, no por convicción, sino por miedo: miedo al titularmediático, al populismo judicial, miedo a “dejar libre al agresor”, miedo a cargar con la culpa si algo pasa después. Entonces, ante la duda, cárcel. Ante la complejidad humana, un formulario. Ante el conflicto familiar, un expediente penal.
El martillo legal cae, y todo lo convierte en clavo. El Estado, creyendo proteger, destruye. Creyendo prevenir, agrava. Creyendo sanar, deja heridas que heredan los hijos. Hijos que crecen sin padres. Hijos que se sienten abandonados. Hijos que aprenden que la autoridad llega para romper, no para acompañar.
Después, cuando caen en delincuencia, vicios o desórdenes afectivos, el país se pregunta:
¿Qué pasó? ¿Dónde fallamos? Fallamos exactamente ahí, cuando confundimos intervenir con castigar.
Feminicidios y Maternidad Adolescente: síntomas, no causas
Los feminicidios no nacen de la nada; germinan en hogares rotos sin acompañamiento emocional, en relaciones marcadas por abandono y rabia sin herramientas para gestionarla.
Y el país no está bien:
Es decir, no estamos resolviendo el problema y no solo lo estamos repitiendo, lo estamos agravando.
A nivel regional, la CEPAL confirma que RD se mantiene entre los países con mayor tasa de feminicidios por cada 100,000 mujeres en América Latina.
Los embarazos adolescentes tampoco son decisiones libres, son la consecuencia directa de la ausencia del Estado en la educación afectiva y sexual, en el cuidado, en la prevención, en la familia misma.
Los datos lo confirman pasamos en A:
Y lo más grave, según el Observatorio de Derechos Humanos del Ministerio Público, UNICEF y Profamilia, más del 80% de los embarazos en menores involucran a hombres adultos, pero menos del 3% de esos hombres es procesado o condenado. Lo que nos lleva a una conclusión inevitable: La niña es perseguida moralmente, el adulto que la embaraza queda libre, la niña carga con el fruto de su vientre, con una muy alta posibilidad de repetir el mismo patrón o convertirse en delincuente, y lo más penoso el hombre carga con la impunidad.
La trampa institucional: Un Ministerio para la Mujer, ninguno para la Familia
Tenemos un Ministerio de la Mujer, cuya lucha es necesaria, pero no existe:
La Constitución es clara en su artículo 39, “Todos somos iguales ante la ley.” Sin embargo, la protección estatal es selectiva y cuando la protección es selectiva, la justicia se inclina, y lo inclinado siempre cae, no se trata de restar derechos a las mujeres, se trata de sumar responsabilidad pública hacia todo el núcleo familiar.
Lo que otros países aprendieron antes que nosotros
Todos entendieron la misma verdad, la familia no se salva con patrullas, la familia se salva con acompañamiento.
Un Ministerio de la Familia se hace necesariamente urgente
Un ministerio que:
Porque donde no hay familia, nace la violencia, donde no hay padre, el resentimiento crece, donde no hay guía, la calle educa y, la calle no educa: recluta.
La República Dominicana no está perdiendo solo mujeres ni niñas, está perdiendo su columna emocional, su hogar, su raíz, los feminicidios no se detienen con discursos, los embarazos adolescentes no se frenan con moralismos, las familias no se sanan con órdenes de alejamiento ni prisión automática, hay que reaprender a cuidar y, cuidar no es castigar, cuidar es preservar lo que todavía puede salvarse.
El autor es Abogado y Comunicador.

