¿Cómo vamos con el Cambio?
17 Agosto 2021 Hansel García 860
Aunque parece que fue ayer, como dice la canción, ya ha pasado un año desde que el Partido Revolucionario Moderno llegó al poder. Se trata de la primera vez que esta organización política asume la dirección del Estado, y lo propio sucede con Luis Rodolfo Abinader, quien se inauguró como presidente de esta Nación en agosto del 2020.
Es cierto que estos doce meses han transcurrido con cierta rapidez; "el tiempo vuela”, decimos quienes nos empeñamos en estirar la juventud más allá de lo biológicamente posible.
No sé si el presidente habrá notado que ya se le ven los efectos del estrés de gobernar que han exhibido nuestros presidentes y que paradójicamente se evidencia con mayor notoriedad cuando dejan el Palacio Nacional (menos Hipólito Mejía, pues al viejo Hipo, “no lo mata nadie”). Pese a los cuidados de Raquel en la casa y en las redes, el hombre se ve estresado. Lo mismo podemos decir de algunos de sus funcionaros y colaboradores más cercanos, a quienes ya se les puede hacer la foto del antes y el después, y por lo menos en algunos, varias libras de más inclinarán la balanza.
Ha sido un año muy particular y difícil, marcado por la pandemia de la Covid-19 y por sus terribles efectos en la salud, la economía y la sociedad. Aun así, el gobierno del Cambio puede exhibir logros e iniciativas que se podrían convertir en transformaciones a corto, mediano y/o largo plazo.
Precisamente el gobierno ha tenido un buen manejo de la pandemia. Aunque es justo reconocer que lo ha hecho sobre el diseño de las políticas y las medidas trazadas por la pasada administración de Danilo Medina, y del PLD que quedaba cuando llegó el virus.
Mantener los planes de asistencia social durante un buen tramo de la pandemia fue una correcta decisión del gobierno de Luis Abinader. También lo fue flexibilizar las medidas cuando disminuían los niveles de contagio; con esto se permitía un breve respiro para la economía, que duraba lo que tardaban en aparecer los rebrotes, cuando se procedía a cerrar de nuevo; pero algo es algo.
El gran logro de este gobierno fue, ha sido y será el Plan de Vacunación. Una acción directa del presidente y del Gabinete de Salud, que encabeza la vicepresidenta Raquel Peña, quienes asumieron todo el proceso: desde recibir las vacunas, hasta hacer que los dominicanos y extranjeros residentes en nuestro país sean inoculados. Al día de hoy, el que no se ha vacunado es porque no ha querido.
El presidente ha mostrado un gran respeto por la institucionalidad, empezando por haber nombrado a una ministra de justicia de carrera y sin militancia política, poniéndole fin a la odiosa y peligrosa práctica de convertir el Ministerio Público en una vil marioneta del presidente de turno. Éste ha sido un gran salto en la independencia del Poder Judicial cuyos verdaderos frutos se verán a largo plazo.
Luis Abinader no se impuso en la escogencia del pleno de La Junta Central Electoral; tampoco lo hizo con la Cámara de Cuentas, aun teniendo las posibilidades de mandar una línea a su congreso para buscar ventajas en la dirección de estos organismos. También fue evidente su desapego en la elección de los jueces del Tribunal Superior Administrativo, evaluados, escogidos y juramentados recientemente por el Consejo Nacional de la Magistratura.
Quienes me conocen saben cuánto he valorado y aplaudido la eliminación de las ¨funditas¨ y las “cajitas” que se repartían en navidad, las cuales se mantenían como una odiosa práctica del clientelismo burdo y miserable. Esto fue posible gracias a la implementación de un novedoso sistema de reparto a través de tarjetas asignadas a los beneficiarios, obra de este gobierno.
El aumento de sueldo a policías y militares constituyó el cumplimiento a una promesa de campaña del PRM. El reajuste salarial a los empleados de la economía no sectorizada fue un aliciente para los trabajadores. Aunque es cierto que el mismo no es suficiente para cubrir la brecha inflacionaria y que debería ser mejor explicado y aplicado en su totalidad.
Una vez instalado y echado a andar, el gobierno del Partido Revolucionario Moderno empezó a reflejar debilidades en su comunicación interna y externa, aunque con el paso del tiempo y con los correctivos de lugar esto ha ido mejorado de manera notoria.
Las constantes rectificaciones en medidas tomadas y anunciadas por el incipiente gobierno, crearon un clima de cierta incertidumbre social que tomó ribetes de temor. Es cierto que errar es de humanos y que rectificar es de sabios, pero cuando se trata de la máxima dirección del Estado esto toma otra dimensión, y eso fue lo que pasó; se creó la percepción de que la administración del PRM no tenía un plan de gobierno y que por consiguiente el país sería dirigido sobre la base de la improvisación.
Hemos visto con sorpresa una desconexión entre el partido oficialista y el gobierno, lo que se ha acrecentado con los enfrentamientos públicos entre Legisladores, Ministros y Directores. Esto le ha creado un ruido al gobierno, que encuentra tierra fértil en el reclamo de perremeistas que buscan ser incorporados al gobierno por el cual trabajaron desde la simiente de una organización política que ayudaron a construir.
Articulo escrito Por: Hansel García

